Descubre un destino lleno de historia, cultura y contrastes, ideal para quienes buscan una escapada diferente en Europa. Los viajes a Serbia te acercan a ciudades con carácter como Belgrado y Novi Sad, a una gastronomía sabrosa, una animada vida nocturna y paisajes naturales que invitan a desconectar entre montañas, ríos y monasterios con encanto.
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Para organizar unos viajes a Serbia, lo más habitual es volar a Belgrado, puerta de entrada principal del país. Según la temporada, puede haber vuelos directos o conexiones cómodas desde ciudades españolas vía otros aeropuertos europeos.
Si quieres conocer más allá de la capital, también merece la pena combinar Belgrado con Novi Sad, Niš o la zona montañosa de Zlatibor.
Serbia se puede visitar en cualquier época, pero hay momentos especialmente agradables:
Primavera y otoño: temperaturas suaves, buen ambiente y menos calor para hacer turismo.
Verano: perfecto para disfrutar de terrazas, festivales y del ambiente urbano de Belgrado y Novi Sad.
Invierno: recomendable si buscas un viaje tranquilo o escapadas de montaña.
Desplazarse por Serbia es bastante sencillo:
Autobús: una de las opciones más prácticas para moverse entre ciudades.
Tren: útil en algunas rutas, aunque suele ser más lento.
Coche de alquiler: muy buena idea si quieres recorrer pueblos, parques naturales o zonas menos turísticas a tu ritmo.
En Belgrado y Novi Sad, el transporte urbano funciona bien para trayectos diarios.
La moneda local es el dinar serbio. Aunque en algunos lugares se aceptan tarjetas, conviene llevar algo de efectivo para gastos pequeños.
En general, Serbia suele ser un destino con precios más moderados que otros países europeos, algo a tener en cuenta si buscas una escapada con buena relación calidad-precio.
El clima es continental, con diferencias marcadas entre estaciones:
Veranos calurosos, especialmente en ciudades.
Inviernos fríos, con nieve en algunas zonas.
En primavera y otoño, lo mejor es llevar ropa por capas.
Si vas a combinar ciudad y naturaleza, añade calzado cómodo: muchas visitas incluyen paseos por centros históricos, fortalezas y espacios naturales.
El ambiente es cercano y hospitalario. En restaurantes y cafeterías, las comidas suelen hacerse sin prisa, así que merece la pena tomarse el viaje con calma.
Algunos consejos prácticos:
Una propina del 5 % al 10 % suele estar bien valorada si el servicio ha sido bueno.
En zonas turísticas y entre la gente joven, es bastante habitual encontrar personas que hablan inglés.
Aprender unas palabras básicas en serbio siempre se agradece.
Serbia encaja muy bien si buscas:
Parejas: por sus ciudades con ambiente, cenas tranquilas y escapadas con encanto.
Amigos: ideal para combinar cultura, gastronomía y vida nocturna.
Viajes en familia: por sus parques, espacios abiertos y ritmo cómodo.
Viajeros que quieren desconectar: especialmente en zonas rurales y de montaña.
Es un destino interesante si te apetece descubrir una Europa menos masificada, con historia, buena comida y ciudades con mucha personalidad.
Serbia, en el corazón de los Balcanes, es un destino que mezcla historia, cultura y naturaleza de una manera cautivadora. Desde la animada Belgrado hasta los paisajes tranquilos del Parque Nacional de Tara, hay una infinidad de cosas que hacer en Serbia que harán que cualquier viajero se enamore de esta joya balcánica.
La capital serbia, Belgrado, es un hervidero de vida y cultura. Pasear por la Fortaleza de Kalemegdan ofrece no solo vistas impresionantes del río Danubio, sino también una lección de historia. El barrio bohemio de Skadarlija es otro lugar imprescindible, perfecto para disfrutar de una comida típica mientras se escucha música en vivo. Y, por supuesto, no se debe dejar de lado la vibrante vida nocturna de Belgrado, conocida por ser una de las más animadas de Europa.
Novi Sad, la perla del Danubio, es famosa por su ambiente relajado y el majestuoso Petrovaradin, conocido como el "Gibraltar del Danubio". Este fuerte histórico ofrece vistas panorámicas de la ciudad y alberga el famoso festival EXIT cada verano. Un paseo por el centro peatonal permite disfrutar de su arquitectura austrohúngara.
El Parque Nacional de Tara es un paraíso para los amantes de la naturaleza. Con sus densos bosques, cañones y el impresionante río Drina, ofrece múltiples rutas de senderismo y la oportunidad de avistar osos pardos en su hábitat natural. Es un lugar ideal para desconectar y disfrutar de la tranquilidad.
Niš, una de las ciudades más antiguas de Europa, es una ventana al pasado de Serbia. La Torre de los Cráneos, un monumento macabro pero fascinante, y la fortaleza de Niš son visitas obligadas. Además, la ciudad es conocida por ser el lugar de nacimiento del emperador romano Constantino el Grande.
La música es el alma de Serbia. Desde la vibrante música de trompetas del festival de Guca hasta los melódicos sonidos de las baladas tradicionales, es imposible no dejarse llevar por el ritmo. Asistir a un concierto o a una fiesta local es una manera fantástica de experimentar la cultura serbia de cerca.
La gastronomía serbia es un deleite para el paladar. Platos como el cevapi, una especie de kebab, o el ajvar, una deliciosa pasta de pimientos, son solo el comienzo. Las tabernas tradicionales, conocidas como kafanas, ofrecen un ambiente auténtico para degustar estos manjares. No hay que olvidar acompañar la comida con una buena rakija, el licor nacional.
Los festivales son una parte integral de la cultura serbia. Desde el mencionado EXIT en Novi Sad hasta el Festival de Trompetas de Guca, hay eventos para todos los gustos. Estos festivales no solo ofrecen entretenimiento, sino también una inmersión profunda en las tradiciones serbias.
Con una geografía montañosa, Serbia es un destino ideal para el senderismo. Los Balcanes ofrecen rutas de diversa dificultad, perfectas para disfrutar de la naturaleza y descubrir paisajes impresionantes.
La campiña serbia es un lugar encantador para explorar en bicicleta. Pequeños pueblos, campos verdes y el aire fresco hacen de esta actividad una experiencia revitalizante y llena de descubrimientos.
El río Danubio es el lugar perfecto para los amantes de los deportes acuáticos. Desde el kayak hasta la pesca, las opciones son variadas y cada una promete una dosis de aventura mientras se disfruta del hermoso entorno natural.
El Monasterio de Studenica, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es un tesoro arquitectónico y espiritual. Sus frescos medievales y su entorno sereno ofrecen una experiencia única para aquellos interesados en la historia y la espiritualidad.
Kalemegdan no solo es una fortaleza, sino también un parque y un museo al aire libre. Ofrece vistas impresionantes y museos que relatan la rica historia de Belgrado.
El Museo Nikola Tesla en Belgrado es un lugar fascinante para conocer más sobre el genio inventor. Con una colección de documentos personales y experimentos interactivos, es una visita imprescindible para los entusiastas de la ciencia.
Serbia es un destino que ofrece una mezcla única de cultura, historia y naturaleza. Ya sea explorando sus ciudades vibrantes, disfrutando de su rica gastronomía o aventurándose en sus impresionantes paisajes, siempre hay algo nuevo por descubrir.
Cuando se habla de Serbia, muchos piensan en su rica historia y paisajes encantadores, pero la comida y bebida en Serbia es un capítulo aparte que merece su propio protagonismo. Con una cocina rica en sabores y tradiciones, Serbia ofrece una experiencia culinaria que no debe perderse.
La cocina serbia es un festín para los sentidos, con platos que reflejan una herencia cultural vibrante. Entre los platos tradicionales serbios, destaca el Cevapi, una especie de albóndigas alargadas de carne picada, generalmente servidas con cebolla fresca y pan plano. No menos importante es la Sarma, hojas de col rellenas de carne y arroz, una delicia que calienta el cuerpo y el alma.
El Pljeskavica, una especie de hamburguesa serbia, hará las delicias de los amantes de la carne, mientras que el Ajvar, un sabroso puré de pimientos, añade color y sabor a cualquier comida.
En cuanto a las bebidas tradicionales de Serbia, la Rakija se lleva el premio. Este aguardiente de frutas, con un toque que podría despertar a un oso hibernando, es mejor disfrutarlo con moderación. Los amantes del vino estarán encantados con el vino serbio, en especial los tintos robustos que compiten con los mejores de Europa. Y, por supuesto, no podría faltar la cerveza local, perfecta para acompañar cualquier comida.
Para los golosos, Serbia ofrece una variedad de dulces y postres que son casi pecaminosos. Las Krofne, unas rosquillas esponjosas, son irresistibles a cualquier hora del día. Las Tulumbe, con su masa frita y empapada en almíbar, son un capricho que merece la pena. Y, aunque de origen otomano, la Baklava ha encontrado un hogar dulce en Serbia.
Para disfrutar de estas delicias, hay restaurantes tradicionales que ofrecen auténticas experiencias culinarias. No hay que perderse aquellos locales donde la comida es un arte y cada plato cuenta una historia. Para quienes buscan algo diferente, las experiencias gastronómicas únicas en ciertos restaurantes innovadores sorprenderán con giros modernos a los sabores clásicos.
La comida callejera serbia es una tentación en cada esquina. Con especialidades de comida rápida serbia como el burek, un pastel relleno de carne o queso, y los animados mercados de comida, donde se pueden degustar productos frescos y platos caseros, la aventura culinaria está garantizada.
Al comer en Serbia, es útil recordar algunas costumbres al comer. La etiqueta culinaria local aprecia la hospitalidad, así que esperar grandes porciones y una cálida bienvenida es la norma. Compartir la comida y brindar con Rakija es casi obligatorio, así que ¡ziveli! (¡salud!) es una palabra que conviene aprender.
La comida y bebida en Serbia ofrece una experiencia rica y variada que invita a explorar cada rincón del país a través de sus sabores. Desde platos tradicionales hasta postres celestiales y bebidas que calientan el espíritu, Serbia es un destino que satisface tanto el paladar como el alma.
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