Descubre todo lo que ofrecen los viajes a República Checa con una escapada llena de historia, ciudades con encanto y paisajes sorprendentes. Desde la belleza monumental de Praga hasta sus castillos medievales, sus balnearios tradicionales y su famosa cultura cervecera, este destino es ideal para disfrutar de una experiencia variada, cómoda y llena de autenticidad.
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La forma más cómoda de organizar unos viajes a República Checa desde España suele ser volar a Praga, con conexiones directas o muy cómodas desde varias ciudades españolas. El trayecto es corto, así que es una escapada muy práctica tanto para un puente largo como para unas vacaciones de varios días.
Si quieres conocer más allá de la capital, también merece la pena combinar Praga con lugares como Český Krumlov, Karlovy Vary, Brno o la zona de Moravia.
República Checa se puede visitar durante todo el año, pero hay momentos especialmente agradables:
Primavera y otoño: temperaturas suaves, ciudades muy bonitas y menos afluencia.
Verano: ideal para recorrer el país y hacer rutas entre pueblos, castillos y balnearios.
Invierno: perfecto si te apetece ver Praga con ambiente navideño y un aire más romántico.
El clima es continental, con estaciones bastante marcadas.
Invierno: frío, con posibilidad de nieve.
Verano: templado a cálido, normalmente agradable para pasear.
Entretiempo: conviene llevar ropa por capas, sobre todo si vas a moverte entre ciudad y campo.
Aunque esté en Europa central, la moneda oficial es la corona checa.
Lo habitual es pagar con tarjeta en hoteles, restaurantes y tiendas.
Aun así, viene bien llevar algo de efectivo para pequeñas compras.
En general, el destino suele resultar interesante para viajeros españoles por su buena relación calidad-precio.
Moverse por República Checa es sencillo, especialmente si vas a combinar ciudad y excursiones.
En Praga: el transporte público funciona muy bien, con metro, tranvía y autobuses.
Entre ciudades: trenes y autobuses son una opción cómoda y bastante práctica.
En coche: recomendable si quieres explorar zonas rurales, castillos o regiones menos turísticas.
El ritmo es cómodo para una escapada cultural o unas vacaciones tranquilas.
Praga se disfruta caminando, con muchas visitas concentradas en el centro.
En ciudades pequeñas y pueblos, el ambiente suele ser más relajado.
Si viajas en temporada alta, conviene reservar con antelación el alojamiento más céntrico.
República Checa es un destino muy versátil y encaja bien con distintos tipos de viaje:
Parejas: por su ambiente histórico, sus cafés y ciudades con mucho encanto.
Amigos: por la vida urbana de Praga, la gastronomía y las escapadas culturales.
Familias: por las distancias cortas, los castillos y la facilidad para moverse.
Viajeros que buscan relax: especialmente en balnearios como Karlovy Vary o en zonas rurales.
Si es tu primera vez, una buena opción es centrar el viaje en:
Praga, imprescindible
Český Krumlov, para una escapada con aire medieval
Karlovy Vary, si te apetece un plan más relajado
Brno o Moravia, si quieres conocer una parte menos turística del país
Con una buena combinación de ciudades históricas, castillos, gastronomía y trayectos cortos, los viajes a República Checa suelen ser muy cómodos y agradecidos para viajeros que salen desde España.
La República Checa es un destino que combina historia, cultura y belleza natural. Desde las calles empedradas de Praga hasta los paisajes montañosos de Moravia, hay un sinfín de cosas que hacer en la República Checa que dejarán a cualquier viajero maravillado. Aquí se encuentran castillos de cuento de hadas, cervezas legendarias y una rica oferta cultural que invita a todos a sumergirse en su encanto.
El castillo de Praga no es solo el icono más emblemático de la ciudad, sino que también es el castillo antiguo más grande del mundo. Pasear por sus patios y jardines es como viajar en el tiempo al corazón de la historia checa. Además, las vistas desde la colina ofrecen una panorámica impresionante de la ciudad.
El puente de Carlos es una obra maestra de la arquitectura gótica y un lugar imprescindible en Praga. Con sus estatuas que parecen cobrar vida al atardecer, este puente ofrece un paseo romántico y lleno de historia. No olvides observar a los artistas callejeros que dan vida a sus adoquines.
El reloj astronómico de Praga es una maravilla de la ingeniería medieval. Cada hora en punto, las figuras animadas ofrecen un espectáculo que es tanto educativo como encantador. Es una parada obligatoria para cualquier visitante de la ciudad.
El barrio judío de Praga es un testimonio conmovedor de la historia judía en Europa. Sus sinagogas y el antiguo cementerio judío invitan a la reflexión y el respeto. Además, es un lugar cargado de historias que esperan ser descubiertas.
El Teatro Nacional de Praga es un templo de la cultura checa. Asistir a una ópera en este majestuoso edificio es una experiencia que combina música, arquitectura y tradición. Los precios de las entradas son accesibles, variando desde los 20€ a los 70€, dependiendo de la ubicación.
El Museo Nacional de Praga ofrece una visión fascinante de la historia y la cultura de la República Checa. Desde exposiciones sobre la prehistoria hasta arte contemporáneo, este museo es un viaje a través del tiempo y el espacio.
La República Checa es conocida por sus festivales vibrantes y coloridos. Ya sea un festival de música, una feria de cerveza o una celebración folclórica, siempre hay algo que disfrutar. Estos eventos son una excelente oportunidad para sumergirse en la cultura local.
El Parque Nacional de Šumava es el lugar perfecto para los amantes de la naturaleza. Sus senderos ofrecen paisajes de montañas, bosques y lagos que parecen sacados de una postal. Las caminatas varían en dificultad, por lo que hay opciones para todos los niveles.
La Ruta del Vino de Moravia es un deleite para los sentidos. Pedalear entre viñedos, degustar vinos locales y disfrutar del paisaje es una experiencia que combina deporte y placer. Se recomienda alquilar una bicicleta por unos 15€ al día.
El río Vltava ofrece una perspectiva única de Praga y sus alrededores. Navegar por sus aguas es una forma relajante de ver la ciudad desde un ángulo diferente. Los paseos en barco suelen costar alrededor de 12€.
La cerveza checa es mundialmente famosa, y degustarla en una cervecería local es una experiencia imperdible. Desde pilsners doradas hasta cervezas negras, hay algo para todos los paladares. Los precios rondan los 2€ por una pinta.
El guláš checo es un plato reconfortante y sabroso que calienta el alma. Servido con knedlíky (albóndigas de pan), es la comida perfecta después de un día de exploración. Un plato de guláš suele costar entre 8€ y 12€.
La República Checa, famosa por sus castillos de cuento de hadas y su rica historia, también es un destino culinario que merece la pena explorar. La gastronomía checa ofrece una mezcla de sabores reconfortantes y platos tradicionales que reflejan su herencia centroeuropea. Desde sopas que calientan el alma hasta postres que endulzan cualquier día, la cocina checa es una experiencia cultural en sí misma.
La comida checa a menudo comienza con una sopa acogedora que prepara el estómago para el festín que está por venir. La sopa de ajo (cesnecka) no solo espanta a los vampiros, sino que también es un remedio popular para el resfriado. El caldo es ligero pero sabroso, a menudo enriquecido con patatas y huevo escalfado. Otra delicia es la kulajda, una sopa cremosa de setas y eneldo que captura el sabor del bosque checo.
Los platos principales en la República Checa son contundentes y llenos de sabor. El goulash checo es una versión local del clásico plato húngaro, con carne de res tierna y una salsa espesa de paprika que se sirve con pan. No se puede dejar de probar la svícková, un plato de ternera asada en una salsa de crema ácida y servida con dumplings. Y para los amantes del cerdo, el cerdo asado con col (vepro knedlo zelo) es una auténtica delicia.
Para los golosos, el trdelník es una parada obligatoria. Este dulce enrollado, espolvoreado con azúcar y canela, es perfecto para disfrutar mientras se pasea por las calles. Los koláce, pequeños pasteles rellenos de mermelada o queso, son el acompañamiento ideal para un café por la tarde.
La República Checa es sinónimo de buena cerveza, y no es de extrañar que algunas de las mejores cervezas del mundo provengan de aquí. La Pilsner Urquell es una de las más famosas, con su sabor fresco y ligeramente amargo. También destaca la Budweiser Budvar, una lager suave y refrescante.
Para los que prefieren los licores, la Becherovka es un licor de hierbas que se disfruta como digestivo. Y para los valientes, el slivovice es un aguardiente de ciruela que se sirve en ocasiones especiales.
La experiencia culinaria en la República Checa no estaría completa sin una visita a sus mercados y ferias. El Festival de la cerveza de Praga es el paraíso para los amantes de la cerveza, con una amplia selección de cervezas artesanales y platos típicos. Los mercados de agricultores en Praga ofrecen productos frescos y locales, perfectos para llevarse un pedacito de Chequia a casa.
Para una experiencia auténtica, las tabernas checas tradicionales son imprescindibles. Famosas por su cerveza negra y su ambiente vibrante, estos locales ofrecen una experiencia más moderna pero igualmente deliciosa, con un menú de platos checos clásicos.
En la República Checa, las comidas se disfrutan sin prisas. El desayuno suele ser ligero, mientras que el almuerzo es la comida principal del día, seguido de una cena más ligera.
Las propinas son una práctica común en los restaurantes checos, generalmente dejando entre un 5% y un 10% del total. Al brindar, no olvidar mirar a los ojos a los demás comensales, una tradición que se toma muy en serio.
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